Y me queda la culpa…

Me quedan los cariños y los sabores… me quedan los ejemplos y un par de fotografías en algún baúl… y me queda la culpa.  Culpa porque te maté hace más de 10 años cuando me obligaron a despedirme mientras estabas en cuidados intensivos.  Culpa porque ver cómo se apagaba tu luz era demasiado para mi, así que dejé de verte.  Culpa porque esta última vez ni siquiera lo intenté.  Culpa porque mi dolor impidió que mi hija conozca tu luz, aun cuando ella hubiera conocido menos que un reflejo de la mujer que yo mantengo viva en la memoria.  La mujer que no quise que tu enfermedad me arrebatara… la mujer a quien la muerte finalmente liberó.

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