CÓMO SE SIENTE UNA MAMÁ POR ADOPCIÓN?

Por qué las madres adoptivas no cuentan toda su historia?  Esa fue la pregunta que me quedó dando vueltas.  La primera respuesta es directa y sencilla, porque es también la historia de mis hijas y quiero (debo) resguardar su intimidad.

La segunda respuesta es más compleja y creo que se parece al sentimiento que algunos adoptados dicen tener para con sus padres adoptivos: se supone que debo “aceptar y agradecer” mis circunstancias. Después de todo fui yo quien peleó contra la biología y logró ser madre por la fuerza de la ley.  Yo busqué esta maternidad durante tantos años, esto fue para lo que firmé -en mi caso, literalmente.  Y después de pelear tanto, no se supone que estés conflictuada con tu maternidad…

 

Muchas de las reflexiones que siguen en esta entrada, me parece que son sentimientos que no son ajenos a las madres biológicas, a la maternidad en general.

– Me siento mamá.  En el día a día, cientos de decisiones, acciones y omisiones de crianza son mías.  Comidas, pañales, tiempos de pantallas, fiebres…  En el día a día, ni me acuerdo de la adopción.

Me siento bendecida, feliz y completa.  He aprendido y crecido mucho como ser humano durante estos tres años de maternidad.  Y te voy a ahorrar los detalles porque creo que no esto lo que quieres leer y porque además estoy segura que es un sentimiento que comparten todas las maternidades.

Solo quiero detenerme en una cosa: mi proceso de adopción me hizo re-evaluar mi relación con Dios, el Universo, la Energía o como quieras llamarlo.  De todas las niñas susceptibles de adopción, me tocaron ellas.  De todos los posibles adoptantes, fuimos nosotros.  Y de todos los posibles momentos, fue en ese preciso instante.  Ser mamá por adopción me devolvió la Fe.

Me siento cansada, hambrienta, frustrada y perdida.  No he dormido una noche completa desde hace 3 años, no he terminado un taza de té mientras sigue caliente y tengo un máster en ciencias y una carrera profesional que se fueron por el coladero cuando decidí ser madre de tiempo completo.  Y todos estos sentimientos son comunes a las maternidades en general.

Me miro en el espejo y no me reconozco: ojerosa, flaca, sin maquillar.  No sé quién es esta persona que, de un día para el otro, no tiene más tema de conversación que el virus que acecha por el parvulario.  Me extraño a mí misma.  Me hacen falta mis libros y debates, mis opiniones controversiales y mis propios proyectos.  Y tengo muy claro que no debería ser así pero fue.  Y esta construcción de una nueva identidad de madre, mujer, esposa, hermana, amiga… pasa en todas las maternidades.

Lo que sí creo que es que las adoptivas tomamos la decisión de convertirnos en mamá con más conciencia.  Me parece que, en la mayoría de los casos, pasamos por un proceso de formación en donde se enseña y valora el vínculo de apego seguro y la importancia del “ser, estar, constancia y consistencia” para formarlo.  Me quedé en casa porque teníamos que aprehendernos como madre e hija(s).  Y eso solo se puede hacer estando juntas.  En este punto sí “acepto y agradezco” mis circunstancias.

– Me siento protectora y asustada.  No hay nada, absolutamente nada, que yo no haría por mis hijas.  “Mamá leona” no alcanza, ni siquiera, a comenzar a describirlo.  Y estoy asustada de que no sea suficiente. Y ese es un sentimiento que  creo que también comparten todas las maternidades.

Quiero, no obstante, detenerme en esta sensación de que tengo razón para tener más miedo que muchas madres biológicas porque soy consciente que mis hijas tienen vulnerabilidades especiales. Y estoy aterrada de que la primera que pueda hacerles daño sea yo misma con mi sobreprotección y expectativas.  Quisiera protegerlas incluso de mí misma.

sentimientos

Ahora, seguro que me pasan cosas porque soy adoptiva, que de otra forma no habrían sido, entre las que puedo reconocer:

– Tengo mi propia mochila.  Más allá de resolver los conflictos con mi propia madre, que todas deberíamos hacerlo, y mi condición de “hembra infértil”, que llega a ser tema en la adopción; la “formación” que recibí (y sigo buscando) en apego, trauma, epigenética, neurobiología… me separa de otras mamás biológicas.  Puedo hablar del Bowlby y Winnicott y Jung casi como cualquier profesional, cuando la conversación más importante para mis amigas de baby-shower es cuándo retirar el biberón.  Así, como si la decisión fuera de ellas y no responder a una necesidad de sus hijos.  Debo morderme la lengua frente a tipos sutiles de maltrato, como dejar llorar a mis sobrinos o amenazarlos con una nalgada.  Así, como si la negligencia y la violencia no tuvieran consecuencias.  Me tratan de “sobreprotectora”, “hipersensible” y, mi favorito, “mamá hippie”.

Y sinceramente creo que si hay algo que deberíamos compartir biológicas y adoptivas es un poquito de conciencia en la crianza.

– Me siento ignorante y culpable: A pesar de todo lo leído, debatido, informado… todavía no sé si esa rabieta, esa pesadilla, ese comportamiento particular tienen que ver con el hecho de que somos familia por adopción o son reacciones normales en todas las niñas pequeñas.  Y cuando le doy vueltas, porque le doy vueltas, me siento culpable de pensar que “algo malo puede estar pasando” por el hecho de ser adoptivas.  Y tengo miedo de que la culpa no me deje ver si algo de verdad está pasando y deberíamos buscar ayuda.

– Me siento atada de manos.   Sí, el tema de los antecedentes médicos, es tema.

– Tengo “lentes de adopción”.  Ya no veo, escucho, leo… nada sin pasarlo por el filtro de la adopción.  Sabes lo que me cuesta ver “Masha y el Oso” o “Tangled” (Enredados) con mis hijas?  Cuánto me enredo en las explicaciones que muchas veces sólo me interesan a mí? (para que veas lo chalada que estoy, mira mi otra entrada GREY)

– Mi objetivo primordial es su “expresión emocional”.  Me detengo más de la cuenta en que expresen y entiendan las emociones que las atraviesan y desbordan (mucho más de la cuenta, mira mi otra entrada FROZEN).  En que reconozcan y empaticen con lo que les pasa a los demás.  Por qué?  Porque quiero que pase… quiero que en 10 años más (?) me griten a la cara “Tú no eres mi mamá” y puedan mostrar la rabia o pena que eso les ocasiona.  Necesito que, cuando lo sientan, sea lo que sea que sientan, lo reconozcan para que puedan integrarlo a su historia de vida.  Necesito que sepan que se pueden enojar con la mamá, o llorar con la mamá, o mandar a la mierda a la mamá, que ella va a seguir de pie, a su lado, siempre.

 

Seguro que hay más cosas por ahí.  Estas son las que puedo ver.  Estas son en las que estoy trabajando.  Seguro habrán más sentimientos, en la medida en la que nuestras historias de vida se sigan tejiendo.  E igual que mi deseo para ellas, espero poder reconocerlos e integrarlos.

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“No Apta”

Debería ser la pobreza una causa de inhabilidad parental?

Lo debería ser la falta de educación?

Tal vez, debería ser inhabilidad parental el no tener redes de apoyo?

NO!

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Y, si en quien confiamos para solventar estos problemas, el Estado, no hace más que agravarlos?

Una mirada desde el otro lado, desde el lado de la madre que quiere… pero a la que le obligarán a decir que no puede…

El artículo que me ha dejado pensando:  Las Residencias para Madres Adolescentes

 

Premonición

A. recibió un puzzle de 48 piezas.  Un gran reto para una niña que todavía no cumple 3 años.  Pero empeñosa como es mi hija, se puso a la tarea.

No aceptó ayuda.  Lo único que pude hacer es clasificar las piezas por colores para que pudiera encajar las formas y dibujos en el sector que corresponda.  Y ahí estábamos.  Yo tratando de pasar piezas y ella gritándome que lo haría sola.

Y me di cuenta… en unos años más estaremos armando un rompecabezas mucho más complejo…  Y yo tendré una idea de por donde van algunas piezas, pero quien finalmente tendrá que encajarlas es ella.  Es ella quien encontrará su lugar.

Tal vez esto de navegar por los foros sirve de algo.

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