El Mantra 2: Límites, hábitos y convivencia social.

I.,  ahora tienes 2.  Los terribles 2 para I. y los tremendos 3 de A.  Mercy!!  Supongo que, mi querida I., tus terribles 2 comenzaron antes de tiempo, ya que te empeñas en seguir apresurada los pasos de tu hermana mayor.  Y con el carácter que tienes! “No mamá! Yo sola!” debe ser, sin duda, tu frase favorita.

Los límites… oh! pequeña I.,  ahora la cosa se pone seria.  Mantengo todo lo dicho en mi mantra anterior.  Y con más años de circo, le voy a agregar un par de cosas:

  • No te preocupes, no me lo tomo personal.  Enójate todo lo que quieras que la mamá seguirá en pie a tu lado.
  • Hay una diferencia entre límites, hábitos y convivencia social:
    • Los límites los ponemos por tu seguridad y bienestar y por la seguridad y bienestar de los que te rodean. Lamento mucho que el cinturón del asiento del auto te incomode tanto, hija, pero no vamos a ir a ningún lado sin que tu estés correctamente sentada en tu silla.  Sola no! La calle se cruza de la mano de un adulto!.  Sé que te encanta el helado pero una bolita es suficiente.  Sé que quieres seguir jugando y el reloj dice que es hora de dormir.  No muerdas a tu hermana!  Si tienes ganas de morder, dale con este cojín! No lanzar juguetes!  Puedes golpear a alguien! (y todavía no encuentro una salida aceptable que te libre de esa energía).
    • Tengo que trabajar en los “peros” porque, según los entendidos, decir pero es desestimar tus emociones.  Se supone que debo decir “quieres seguir jugando Y es hora de dormir… qué hacemos?” Y darte un pequeño espacio para controlar tu ambiente.  Tal vez así logremos bajar un poco tu frustración.
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    • Los hábitos se enseñan con el ejemplo. Lavarse dientes y manos, saludar, decir por favor y gracias.  Esos no son límites, son ejemplos.  Las hijas aprenden de lo que ven más que de aquello por lo que se les regaña.
    • La convivencia social. Compartir y respetar turnos.  Hija mía!  No sé si la lección es para ti o para mi.  A veces siento que siempre llevas las de perder con tu hermana mayor.  Ella llora más fuerte y para mí es más fácil hacerle caso a la pena que a la ira.  Porque tu eres de las que se enoja.  Pequeña mía, mamá trabaja conscientemente en tratar de ser justa.  Sé que de esta mamá imperfecta surgen muchas de tus motivaciones morder o lanzar o llorar de rabia. Perdóname todos mis errores.

Pequeña I., te amo con toda el alma.  Tengo la impresión de que esto del crecimiento es más complejo para ti que para A.  Finalmente, ahora mamá está compartida y no puede darse el lujo de estar con cada una de ustedes al 100% ayudando a regular emociones.  Vivan las culpas maternales!  Pero sabes algo?  Creo que eso también te hace crecer.   Te veo más segura que tu hermana, más exploradora, más autónoma… hasta puedo arriesgarme a decir que tienes un mejor estilo de apego seguro.  Mamá tiene que aprender a lidiar entre tu necesidad de autonomía y lo que (sobreprotectora) cree que es adecuado para una nena de 2 años.  Tal vez, cuando yo confíe más en tí y tus habilidades tendremos que poner menos límites!  

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