Enredada

Como toda madre, me complican los contenidos multimedia con los que interactúan mis hijas.  Y como mamá por adopción, Disney representa para mí un verdadero reto (Frozen, Hakuna Matata).  Esta quincena vemos Enredados (Tangled). Y como parece que se está haciendo costumbre en este blog, a continuación presento mi traducción adoptiva de esta película.

Madre Gothel, por sí sola, me basta para toda una página de reflexiones:

  • Madre Gothel robó a Rapunzel cuando era una bebé. Pero aún ahora, en pleno 2017, se roban niños para darlos en adopción. Quién me asegura que la historia que me contaron en la Agencia, la de la cesión voluntaria y los papeles en orden, es tan cierta y legal como me la cuentan?
  • Madre Gothel no ama a Rapunzel sino que la utiliza por los poderes curativos de su cabello. Y qué es lo que yo espero de mis hijas?  Cuánta presión he puesto sobre sus hombros? Es mi caso tan extremo como el de Gothel  que espera una hija servil, dispuesta a devolverla a la vida, cada cuando y como su madre lo solicita?
  • Madre Gothel le da a Rapunzel las cosas básicas para su supervivencia pero no le entrega afecto. Aunque esta es la realidad que viven muchas familias (adoptivas y biológicas) de padres concentrados en lo material pero inaccesibles en lo emocional. Estoy segura que mis hijas tienen suficientes juguetes, pero perciben suficiente afecto?
  • Madre Gothel mantiene encerrada a Rapunzel. Y no es eso lo que hacemos, me incluyo, las madres sobre-protectoras? Encerrar a nuestras hijas en una torre para protegerlas y mostrarles como única verdad aquello que nosotras les contamos.

Escribiendo estas líneas inevitablemente pienso en los testimonios de varios adoptados adultos, enfadados, que afirman tener madres adoptivas de la misma naturaleza que Madre Gothel.  Reconozco partes de mi crianza en ella.  Así que tal vez, aunque me gustaría afirmar que no lo es, creo que Gothel sí fue la madre adoptiva de Rapunzel, ese tipo de mamá que no hay que ser.  Una parte de mamá que, de todas maneras, sí somos.

Y qué decir de Rapunzel?  A mi parecer, Rapunzel es el cuento perfecto de la búsqueda de orígenes, solo que es demasiado bueno para ser verdad:

  • Rapuzel siempre sospechó. Desde que tiene memoria, ella sospecha que las luces flotantes son para ella.  Acaso todos los adoptados siempre lo saben?  Aunque no se les cuente, aunque de frente les engañen, aunque no decidan hacer nada al respecto; me da la impresión de que siempre lo sospechan.  Y con un nudo en la garganta es lo que les digo a mis hijas: “Rapunzel sabe, amor.  Rapunzel sabe que esas luces son para ella.  Todavía no sabe cómo ni porqué… pero ella tiene que ir a buscar su origen.”  Sí, aunque no me crean, se los digo, tienen que ir a buscar su origen.
  • Rapunzel decide buscar, a pesar de todo. Así de simple.  Y es tan importante para ella que está dispuesta a dejar atrás todo lo que conoce, incluso a la madre que conoce, para lograrlo.  Está dispuesta a dejar su identidad para crearse de nuevo afuera de la torre.  Y eso requiere coraje y ayuda.
  • Rapunzel teme decepcionar a quien considera su madre. Es una estupenda secuencia en la película en donde ella pasa rápidamente de la euforia de salir de la torre y comenzar su búsqueda a la depresión y la culpa por traicionar a Gothel  para volver a comenzar el ciclo otra vez.  Me parece la perfecta descripción de cómo creo que se siente un adoptado que inicia su búsqueda.
  • Rapunzel encuentra a su familia biológica. La escena es tan tierna que mis hijas saltan de emoción porque por fin encontró a sus papás.  El abrazo es tan sentido que salen lágrimas.  Y yo no sé cómo explicarles que la mamá, esta mamá, en verdad es Gothel.  Y que tal vez sus padres biológicos no las estén buscando, que no hay linternas de luz en su honor.  Y que podría ser que ellos no quieran ser encontrados, que no las estén esperando con el corazón rebosante de amor por las hijas perdidas.  O tal vez sí, ojalá que sí.

 

Es ahí en donde me enredo, porque no quiero ser Madre Gothel, pero soy.  Porque quiero que la escena del abrazo final sea la de esta familia adoptiva, pero es la reunión con su familia biológica. Porque quiero que busquen, pero me asusta lo que puedan encontrar, sea bueno o malo.  Porque, al final de la película, Gothel desaparece, Rapunzel es feliz con su verdadera familia y ese es el gran temor de todos los adoptivos, cierto?   

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Fantasías Adoptivas

​Le temo más a la fantasía que a la realidad biológica de mis hijas.  Siento que para la biología te preparan, te lo repiten tanto que tienes respuestas presupuestadas.  Existen herramientas, cuentos, libros de vida.  Pero enfrentar la fantasía, eso nadie te lo explica.  

Parece un trabajo de detectives.  Poner atención a los diálogos que mantienen con sus muñecas: “Eres mi hija del corazón” (A., 4 años); “La oveja el adoctó al saurio” (I., 2 años). Escuchar cuando son ellas quienes toman los libros de cuentos: “Es que estaba triste porque no había encontrado a su familia” (A., 4 años); “No!  Mamá sí pancita” (I., 2 años).  Siento que hay que aprovechar cada instancia para intuir qué es lo que ellas están relacionando con este concepto de la adopción.

Le temo, sobretodo, a esas fantasías con las que tratan de responder un porqué que todavía no saben formular.  Un porqué para el que yo no estoy lista todavía.  La otra noche, volvíamos a leer un cuento llamado Lamb – a – roo (Diana Kimpton).  La historia comienza con un corderito que está solo en la pradera cuando A. interrumpió:

  • Mamá, por qué estaba solo el corderito?
  • No lo sé, amor.  El cuento parte así.
  • Y dónde estaban sus papás?
  • Su mamá canguro lo va a encontrar en la próxima página. Déjame seguir leyendo.
  • No! Sus papás corderitos! (Ósea que tu ya sospechas que tienes otros papás).
  • No lo sé amor, no sé dónde estaban sus papás corderos (Igual que no sé dónde está tu familia biológica).
  • Yo creo que el corderito se perdió. – dijo rotundamente, como si fuera algo que venía meditando hace tiempo. 

Se encienden mis alarmas y le pregunto porqué cree que el corderito se perdió.

  • Porque él se fue por el mal camino y se perdió de sus papás – me respondió, muy convencida.

Máxima alerta!  Tu no tuviste la culpa! Tu no hiciste nada malo!  Tu no elegiste esto!  Honestamente creo que me atraganté y necesito una segunda oportunidad para resolverlo con mi hija.  He meditado mucho en la respuesta que considero ideal:  

“Amor, yo no creo que el corderito pudiera elegir el camino equivocado. La verdad es que yo no sé porqué está solito, no sé porqué sus papás corderos no están.  Pero estoy segura de que no fue la culpa del corderito.  El corderito era un bebé, amor.  Cómo podía elegir el camino si era un bebé?”

No sé porqué te abandonaron, hija.  A decir verdad, todavía no quiero que intuyas que fuiste abandonada.  Imaginaba que estas reflexiones vendrían dentro de diez años, cuando llegues a la adolescencia.  Pero el juego comenzó antes, me pasó por encima, yo no estaba lista. Desde ahora, trataré de comprender qué es lo que tu mente y tu corazón hacen con las piezas del puzle que se te va revelando.