Porqué decir “me apegaría demasiado” no es suficiente excusa

Autor:Sarah Baker

Texto Original en Inglés en: http://adopting.org/id-get-attached-just-doesnt-cut/

Traducción Libre

 

“Nunca podría ser mamá de acogida… me apegaría demasiado”

 

Si tuviera un dolar por cada vez que he oído esta frase.  De hecho, la escucho casi cada vez que le cuento a alguien que soy mamá de acogida.

 

Entonces, quiero aclarar algunas cositas:

 

 

1) No soy una super mujer con el super poder de amar y apegarme solo al punto en que no me duela.

 Ese super poder no existe.  Amé a Leyla y al Bebe Z como si fueran míos.  Todos los días me peleo con la tendencia de colocar fotos del Bebé Z en Facebook.  Estoy orgullosa de cada uno de sus logros.  Sus miradas me derriten, y sus gritos me llevan a las lágrimas.  Amo tenerlo en brazos y jugar con él y que me responda con su risa encantadora.  Sus abrazos son lo mejor.
Incluso podría decir que estoy apegada.  Y que decir adiós me a va a doler.
Entonces, si eres del tipo de persona que “se va a apegar mucho”, felicitaciones.  Serías una excelente madre de acogida.
2) Apegarse es el punto
Ok,  me gustaría escuchar acerca de la última vez que te detuviste en el orfanato de tu pueblo.  De verdad.  Si has visitado un orfanato en los Estados Unidos, por favor cuéntame.
Pero creo que nunca has visto uno, cierto?
Esto es porque los Estados Unidos se deshizo de los orfanatos. Por qué? Por el apego.
Cuando un niño no crea apego con una persona antes de la edad de 2 años, su habilidad para funcionar como una persona normal se ve seriamente afectada.  Y ese lazo no se estaba formando en un hogar o una institución.
Un niño necesita una familia.
Nuestra familia, por ejemplo, está un poco loca.  Los niños cuelgan de las paredes, literalmente.  Entonces, tal vez no somo perfectos.  Pero sabemos amar.  Y estamos disponibles.
La biología es, desde luego, la primera opción.  Pero cuando una familia biológica no puede proveer este apego en una manera segura y amorosa, entonces aparecen las familias de acogida.
Aparezco yo. Y Cari. Y Keru. Y Denna. y Kryssi. Y Elizabeth. Y cientos de otras.
Aparecemos -y nos apegamos.  Al menos, tanto como podemos.  Nos ubicamos en la esquina del niño y peleamos por sus necesidades, los amamos tal y como si los hubiésemos parido.  Soñamos y jugamos y ponemos esperanzas para su futuro con toda nuestra fuerza.
Y luego, un día, debemos decir adiós.
Tendremos que dejarlos ir y esperar que todo nuestro amor y noches sin suelo y miedos y esperanzas y oraciones y reuniones y herramientas sensoriales y visitas y preparaciones sean suficientes.
Esperamos el habernos apegado y que ellos se hayan apegado a nosotros.  Esperamos haberles dado el regalo de poder confiar en los otros.  De creer en su propio valor.  De saber que son amados.  De saber que Dios no los ha olvidado.  De saber que existe algo para amar y que existen relaciones que no son abusivas o negligentes.
En resumen, el apegarse demasiado es uno de los mejores regalos que les podemos dar a estos niños.
Incluso duele decir adiós.
Y si puedo agregar una cosa más…
Si ser madre de acogida te suena a que sólo te estas preparando para salir lastimada… te reto!
Estos niños no eligieron estar en el sistema.  Sus vidas están flotando en el aire y dependen de las decisiones de extraños.
Cuando cierras tu corazón con tanto cuidado que no existe un espacio para ellos… ellos no desaparecen.  Cuando despides sus súplicas con gesto de la mano y encuentras alguna excusa rápida, ellos siguen sin un hogar.
Recientemente, en algún momento, habían 150 niños en mi condado que necesitaban u hogar.  30 de ellos fueron ubicados dentro del área.  Bebe Z fue uno de ellos.  Los otros 120 tuvieron que ser enviados a otros lugares.  Aún más lejos de cualquier cosa que conocían.
Familias de acogida que apenas dan a basto reciben a más de un niño porque nadie más lo va a hacer.  Las trabajadoras sociales tienen que hacer que los niños duerman en sofás o en sus oficinas hasta que pueden encontrarles un hogar, en algún lugar.  Los hermanos se separan y solo se pueden visitar de vez en cuando.  Entonces, tal vez debes preguntarte… qué tal si yo pudiera? Qué tal si pudiera apegarme, amar a un niño y decirle adiós?  Qué tal si yo pudiera darle a un niño amor y estabilidad porque eso es de lo que está construido nuestro hogar? Qué tal si hay un niño ahí que vale la pena el riesgo de que mi corazón salga lastimado?
Puedo prometerte una cosa… ese niño existe.
Existieron dos para mí.
Y cuando llegue el momento de decir adió a esta preciosidad que sostengo en mis brazos mientras escribo… estoy segura que valdrá la pena cada una de las lágrimas que lloraré.

THE PRIMAL WOUND

Título: The Primal Wound (La Herida Primaria)

Autor: Nancy Verrier

Web: http://nancyverrier.com/the-primal-wound/

Valoración:  5 / 5

 

Resumen: (desde el sitio web) Este libro está revolucionando la forma en la que pensamos acerca de la adopción.  Al aplicar información acerca de psicología pre y peri natal, vínculo, apego y pérdida, clarifica los efectos de la separación de los niños adoptados y su madre biológica.  Adicionalmente, les da a estos niños, cuyo dolor ha sido desconocido y mal interpretado por mucho tiempo, validación para sus sentimientos y explicaciones para algunos de sus comportamientos.  Aún cuando es un libro difícil de leer, debido a las emociones que evoca en todos los miembros de la triada adoptiva, resuena en verdades y puede ser una gran ayuda para reconocer, entender y validar las heridas creadas por el trauma de la separación entre las madres y sus hijos.  Este entendimiento puede ayudar a los miembros de la triada.  Puede entregar validación para las experiencias y emociones de los adoptados que se sienten incomprendidos; puede traer consuelo para las madres biológicas, a quienes se les ha negado la verdad de su pérdida; y puede ser una buena fuente de información para los padres adoptivos, de manera que puedan entender y responder de mejor manera a las necesidades de sus hijos.

 

Lo que me gustó: Este libro es una bofetada en la cara!  Te abre los ojos.  Sí, es duro de leer, pero te quita la venda del “final feliz” de la adopción.  El momento en que recibimos a nuestras hijas es solo el comienzo. Durante su vida se verán llenas de contradicciones y ambigüedades y es mi deber como su mamá tratar de reconocer los signos, entender lo que pasa, validar los sentimientos y ayudarlas a sobrellevar la tormenta.

Lo que no me gustó:  Este libro es un puñetazo al estómago!  Lo vuelvo a leer y me hace sentir que tal vez nada de lo que yo haga sea suficiente.

 

Mi experiencia: Existe alguna hija adoptiva que sea feliz?  Mis hijas son muy pequeñas todavía como para cuestionarse cosas como identidad y trauma de separación.  Entiendo que en el futuro tendremos tormentas.  Pero existe paz en la vida de una hija adoptada?  Últimamente me encuentro con tantos ensayos, blogs, páginas web, literatura sobre adoptados enojados, tristes y confundidos.  Sabré reconocer las señales y apoyarlas en las crisis?  Lograré que sepan y sientan que son amadas por sobre todas las cosas?  Llegaré a ser una madre lo suficientemente buena como para que mis hijas sean, en la suma final, felices?

 

Apego

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Mi madre no necesitó pasar por el parto y la lactancia para formar el apego tan fuerte que hoy tenemos.  Lo único que necesitó es mucho amor, un montón de paciencia y un profundo entendimiento de mi pasado.  Hoy, me veo a mi misma como madre y no queda duda que el amor tan grande que doy a mis hijos lo aprendí de mi madre.

Juanita Hotchkiss

La Otra (des)Espera

I. llegó como la primavera.  Un día, sin aviso, habían flores en el jardín.  Algo les quiero decir, si la (des)espera incierta por una hjja en adopción es una gran m!erda! , la espera cierta es aún peor.  Conozco su nombre, su edad y hasta puedo imaginar su rostro como un reflejo del de A.  Pero de todas maneras debo pasar por los cientos de sellos de aprobación, los certificados y las entrevistas que exige la Agencia.

Y mientras hacemos todo lo posible porque I. legue a casa con su familia, ella crece en un Hogar.  Sí, seguro no le hace falta nada… nada menos que los brazos de su mamá.

La espera incierta te angustia; la espera cierta te enoja.  Te da rabia cada minuto que pasa y no la puedes acunar!  Te da rabia cada risa de A. que I. se está perdiendo.  Te da rabia saber que ella está ahí, y no acá, y que nos separan cientos de horas de burocráticos informes.

Te dan rabia las promesas falsas de hacer todo “lo más rápido posible por el bienestar de la niña”, y que luego te soliciten un entrevista más.  Te da rabia que no entiendan que “el bien de la niña” es traerla a casa.  Te da rabia que la hija que te regaló el cielo te sea escatimada por los hombres…

Insuficiente

Perdona hija porque este mes has llorado más que toda tu vida junta y yo soy la causante de esas lágrimas.  Perdona hija porque están llegando tus primeros berrinches y yo no puedo contenerte como quisiera.  Perdona hija por este corte abrupto en nuestro trato acostumbrado.  Perdona hija por tener que dividirme ahora, que tu también me necesitas.

Perdona hija porque este mes todavía no has aprendido a llorar.  Perdona hija porque todavía no aprendo a reconocer tus señales.  Perdona hija porque casi nunca tienes atención exclusiva de tu mamá. Perdona hija por todas las caricias que nos hacen falta, por todos los besos, por todos los abrazos.  Perdona hija por tener que dividirme ahora, que tu también me necesitas.

Perdónenme hijas porque me siento insuficiente para cuidar de las dos.  Porque no logro soltar un poco y con eso hago que se pierdan mucho.  Porque me angustia pensar lo escaso que resulta mi esfuerzo y entonces me paralizo, en lugar de saborear los momentos juntas.

Mamá va a lograrlo… ya lo verán!  Las tres vamos a renacer en el intento!