Grey

Lo admito. Leí las 150 sombras.  Leí también el primer volumen de la historia contada desde su perspectiva.  Y vi la película.  Grey me deja un poco ansiosa… no! Qué mal pensadas! Se los voy a explicar…

Grey fue adoptado.  Fue rescatado de una madre biológica drogadicta y negligente y un padrastro abusivo cuando tenía 3 o 4 años de edad.  Uno de los recuerdos conscientes que tiene el joven millonario seductor es ver a su madre “dormida” en el suelo mientras la policía se lo llevaba.  Recuerda el hambre.  Recuerda los golpes.  Recuerda tener que esconderse en un armario hasta que su padrastro terminara de “rentar” a su madre por una dosis de droga.

No sé si E.L. James tenga en su biografía algún contacto cercano con el trauma que genera la negligencia y el abuso.  Pero, al menos en mi opinión, crea un personaje creíble que encuentra resiliencia en el control.  Siendo el sadismo un extremo de esta misma necesidad.

Es cierto que la lectura superficial es prejuiciosa contra la adopción de niños “mayores”.  El pequeño que fue “rescatado” de la violencia y la pobreza por una pareja de “privilegiados” millonarios que a pesar de todos sus esfuerzos no lograron convertirlo en un adulto “normal”.  Pero la adopción, la reparación, es justamente la parte de la historia que no creo que nos vayan a contar.  De cómo convertirse en un Grey lo ayudó a sanar.  Por que en alguna medida sanó, cierto?  Si no fuera así, habría cortado todos los lazos con su familia adoptiva, no sería capaz de amar a su hermana menor y no podría mantener una relación con Anastasia (estemos o no de acuerdo en el tipo de relación, sigue siendo un vínculo con un otro) y eventualmente plantearse como padre, como lo sugiere en final de los libros.

A través del más estricto control, Grey encontró una manera de enfrentar esta mochila de recuerdos psicosensoriales que lo atormentan.  A la final, quién decide lo que es “normal”?

Tengo la suerte, hijas amadas, de que ustedes no provienen de un ambiente así de hostil.  Pero me pregunto cuáles son su recuerdos inconscientes… a qué le hacen frente?  y ahora que están comenzando a explorar el mundo lejos de mi regazo, qué cosas se los recuerdan?  Hambre? Separación? Ruido? Contacto? Me pregunto, hijas mías, como vamos a descubrirlos y cuál será nuestra (su) manera de prosperar frente a ellos.

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THE PRIMAL WOUND

Título: The Primal Wound (La Herida Primaria)

Autor: Nancy Verrier

Web: http://nancyverrier.com/the-primal-wound/

Valoración:  5 / 5

 

Resumen: (desde el sitio web) Este libro está revolucionando la forma en la que pensamos acerca de la adopción.  Al aplicar información acerca de psicología pre y peri natal, vínculo, apego y pérdida, clarifica los efectos de la separación de los niños adoptados y su madre biológica.  Adicionalmente, les da a estos niños, cuyo dolor ha sido desconocido y mal interpretado por mucho tiempo, validación para sus sentimientos y explicaciones para algunos de sus comportamientos.  Aún cuando es un libro difícil de leer, debido a las emociones que evoca en todos los miembros de la triada adoptiva, resuena en verdades y puede ser una gran ayuda para reconocer, entender y validar las heridas creadas por el trauma de la separación entre las madres y sus hijos.  Este entendimiento puede ayudar a los miembros de la triada.  Puede entregar validación para las experiencias y emociones de los adoptados que se sienten incomprendidos; puede traer consuelo para las madres biológicas, a quienes se les ha negado la verdad de su pérdida; y puede ser una buena fuente de información para los padres adoptivos, de manera que puedan entender y responder de mejor manera a las necesidades de sus hijos.

 

Lo que me gustó: Este libro es una bofetada en la cara!  Te abre los ojos.  Sí, es duro de leer, pero te quita la venda del “final feliz” de la adopción.  El momento en que recibimos a nuestras hijas es solo el comienzo. Durante su vida se verán llenas de contradicciones y ambigüedades y es mi deber como su mamá tratar de reconocer los signos, entender lo que pasa, validar los sentimientos y ayudarlas a sobrellevar la tormenta.

Lo que no me gustó:  Este libro es un puñetazo al estómago!  Lo vuelvo a leer y me hace sentir que tal vez nada de lo que yo haga sea suficiente.

 

Mi experiencia: Existe alguna hija adoptiva que sea feliz?  Mis hijas son muy pequeñas todavía como para cuestionarse cosas como identidad y trauma de separación.  Entiendo que en el futuro tendremos tormentas.  Pero existe paz en la vida de una hija adoptada?  Últimamente me encuentro con tantos ensayos, blogs, páginas web, literatura sobre adoptados enojados, tristes y confundidos.  Sabré reconocer las señales y apoyarlas en las crisis?  Lograré que sepan y sientan que son amadas por sobre todas las cosas?  Llegaré a ser una madre lo suficientemente buena como para que mis hijas sean, en la suma final, felices?

 

EL MANTRA DE LOS LÍMITES

Dos años. Cabalgando a los Terribles Dos.  T E R R I B L E S   D O S !!!!  Amo que seas tan obstinada, amo que sepas lo que quieres, amo que te hagas respetar.  Recuerda esto para cuando seas más grande… pero te voy a dejar un par de cosas claras por tu propio bienestar.  Así que cada vez que te desbordes porque dije que no, mientras te consuelo, me repito a mi misma este mantra:

  1. Te pongo límites porque TE amo. Primero y evidentemente, me interesa tu seguridad física.  Segundo, más temprano que tarde, llegarás a un mundo en donde no obtendrás todo lo que quieres, cuando y como lo quieres.  Prefiero ser yo quien te enseñe a manejar la frustración.
  2. Te pongo límites porque ME amo. Quiero poder dar vuelta la mirada sin morir de preocupación.
  3. La mamá y el papá son la piedra sobre la que construyes tu casa. Si la piedra se quiebra, la casa se cae.  Quiero que sientas y sepas que puedes pisar firme…  Grita, patalea, desbórdate… mamá sigue aquí y te ama igual.
  4. El que mucho aprieta, poco abarca. Pocas reglas bien puestas, todo lo demás es negociable.  Si es una regla, trataré con todas mis fuerzas de ser consistente, así siempre sabrás a qué atenerte.  Si es negociable, aprendamos juntas a ganar un poco y perder un poco, te servirá mucho después en la vida.
  5. Debo hacerte muchas preguntas. Es mejor que el límite venga de tu propio razonamiento, que practiques desde ahora a distinguir lo que te conviene de lo que no.
  6. “NO” no es un comportamiento, debo darte una alternativa. En lugar de “no corras” es preferible decir “dame la mano para caminar juntas”.
  7. Es muy bueno que quieras probar tu “poder”. Algunas veces puedes ganar, refuerza tu autoestima.
  8. Grita “PAZ”. Cuando pierdas el control,  y sobretodo cuando yo siento que pierdo el control, gritemos PAZ, respiremos y contemos hasta diez.  Cuando estemos más tranquilas, siempre podremos conversar.  Somos un equipo, llevamos juntas casi dos años y los que están por venir, seguro que podemos encontrar la forma de entendernos.
  9. Debo mantener tu tanque lleno. Así como los autos funcionan con combustible, las hijas funcionan con amor.  Debo mantener tu tanque lleno para que el momento de una crisis tengamos algo sobre lo que funcionar.  Esa es una regla para la mamá: nunca, nunca dejar que tu tanque se vacíe.
  10. Esto es un ensayo… quiero ver cuando tengas 16!

Los Bebés Perfectos

Existen! Los vi con mis propios ojos! Al menos 4 de su especie.  Cuatro bebés que duermen 20 horas al día, despertando sólo para la muda de pañal y el biberón.  Angelitos! Qué dicha para las personas que los cuidan!  Es que claro, tienen todas sus necesidades cubiertas: Mamadera a la hora, cantidad y temperatura adecuada para su estado nutricional.  Ropa limpia y abrigada según la estación.  Pañales que se cambian continuamente para evitar coceduras.  Centros de actividades, colchonetas y gimnasios para promover su desarrollo.  Controles regulares con pediatras y especialistas.   Con razón son tan perfectos!

D. tiene 3 meses y duerme todo el día. Una sabe que está bien porque a la hora de la mamadera se mueve un poco en su cama. Debe ser el olor de la leche.  El resto del tiempo, incluso mientras lo mudan o lo bañan, permanece con sus ojitos cerrados.  Cuando le cantan, sonríe y mueve las manos pero no abre los ojos.  Esto sucede durante 1 hora en el día,  cuando llega la voluntaria.  Sí, una voluntaria le ha tomado a bien y se da el tiempo de cantarle.  D. fue abandonado por su madre biológica en el hospital el mismo día en que nació.

J. no cierra los ojos. No puedo decir si está dormida o despierta porque mira el techo, inmóvil. Está cerca de cumplir 5 meses de edad.  Su mamá la visita casi a diario.  Ella está preocupada por J. pero no tiene posibilidades de llevarla a su casa.  Mientras tanto, J. espera en el Hogar.  Cuando su mamá deja el lugar, ella se queda como desorientada, cambiando la contención de sus brazos por una sillita nido en donde permanecerá la mayor parte del día.    La enfermera la toma para bañarla y le canta una nana mientras está en el agua.  Es la única vez que la vi reaccionar y devolver la mirada.  “Esa canción me la enseñó su mamá” me comenta la enfermera, notablemente conmovida.

B. no debió nacer sino hasta dentro de un mes. Cuenta la leyenda que es una sobreviviente. Dicen que su madre biológica fue a visitarla a la termo cuna del hospital y se quedó con ella todo el día, rezando. Al acercarse la tarde, le dijo a las enfermeras que iba por algo de comer.  Nunca más volvió.  Están tratando de localizarla para saber cuál será el futuro de B.  Mientras tanto, llegó al Hogar con pronóstico reservado.  Las enfermeras han hecho lo imposible por sacarla adelante.  Le dan leche con una jeringa, esperando pacientemente a que aprenda a tragar.  Le han construido un “nidito” con mantas y sábanas para que no esté perdida en la inmensidad de su pequeña cuna.  Le han reservado un lugar especial en la sala, cerca de la calefacción para regular su temperatura corporal.  Trabaja con la kinesióloga todos los días.  Ahora, B. tiene un desarrollo apropiado para su edad ajustada.

Junto a ella está la cuna de I.  Con 4 meses y sobrepeso, la comparación entre las dos niñas parece injusta. I. está despierta, chupándose el dedo.  Cuando me acerco, la enfermera me comenta: “Es muy buena, espera tranquilita su turno de atención.  Y es muy inteligente, pasa el día así, mirando a su alrededor, viendo todo el movimiento de la sala.  Luego se mete el dedo a la boca y se duerme”.  Con un gesto gentil le retira el dedo y se lo cambia por un chupón.  I. la mira, succiona el plástico un par de veces y lo escupe.  Hace un sonido gutural mientras se ríe con los ojos.  La enfermera sonríe y acaricia su pelo mientras le comenta “Dudo mucho que tu mamá te deje chuparte ese dedo”.  Sonrío porque la enfermera tiene razón.  La mamá de I. soy yo.

Mi primer impulso es levantar a I. en brazos y acunarla lo más cerca posible.  Comenzar a hablarle despacito, a contarle que soy su mamá y que el guapetón a mi lado es su papá.  Que ya llegamos.  Que ya se acabaron “los turnos”.  “Bueno, hija, no tanto así, porque en casa te espera tu hermana A. y ella también tiene un turno”, le digo un poco preocupada por su hermana mayor.  I. nos mira y repite esa sonrisa.  Parece contestarme “Yo sé, mamá”.

A los pocos minutos I. se incomoda y se pone a llorar.  Trato de cantarle una canción pero no se calma.  Reviso pañal, gases… La enfermera amablemente me sugiere que I. tiene sueño, es hora de su siesta, así que es mejor dejarla en su cuna.  La acostamos, se chupa el dedo y en dos minutos está dormida.   Se me olvidó que mi hija todavía es una bebé perfecta.  Está acostumbrada a no molestar, a contenerse sola.  Se me parte el corazón.

Con A. fue distinto.  Ella llegó tan pequeña a nuestro hogar que casi siempre estuvo en mi brazos.  A. es lo que muchos llaman una niña consentida, acostumbrada al aúpa, a que su mamá le diga muchos “sí”.  Come lo que quiere y cuanto quiere, elige su ropa y sabe perfectamente que mamá estará junto a su cama toda la noche si es necesario.  Con su carácter fuerte, su “no” decidido y sus ocurrencias, ahora es una delicia verla comienza a probar sus límites.  Pero eso es tema de otra entrada.

I. es perfecta y tengo que quitárselo. Tiene que aprender a llorar, a exigir. Porque ahora tiene alguien que le va a cumplir.  Siempre que pueda, hija, en todo lo que pueda, cuanto puedan mis fuerzas y más que eso, I. querida, estoy aquí para ti.  No sólo yo, sino que tu papá y tu hermana también están aquí.  Contigo, desde ahora, por siempre y para siempre.

Corren las lágrimas por mis mejilla y mi esposo me pregunta en qué pienso.  Le dijo “I. no se duerme en mis brazos”.  Me sonríe.  “Nos conoció hace 5 minutos, todavía no sabe que eres su mamá, dale tiempo”.  Le sonrío de regreso.  Paciencia y perspectiva, dos cualidades con las que él me completa.

I. es perfecta pero se lo vamos a sacudir. Todo lo que vivimos con A., todo lo que aprendimos desde su llegada… la misma A.!, nos ayudarán a despertarla. Por suerte el instinto me llevó primero al apego y después a la teoría, pero eso, también, es tema de otra entrada.