Pequeña Mulyo

Sigo encontrando artículos y opiniones que hacen ver a la adopción como el resultado de la suma de un mundo de atrocidades.  Tal vez sea cierto.  Si como sociedad elimináramos las diferencias económicas, la violencia de género, educáramos en sexualidad… tal vez no existirían niños susceptibles de ser adoptados… y tal vez es eso lo que debemos buscar…

Pero le agradezco a Nabi, adoptada adulta, por el último párrafo de esta carta… porque aunque nuestras historias comiencen como una suma negativa, las madres adoptivas tratamos de llenar la vida de nuestras hijas de número positivos… ojalá que, al final, el resultado cambie…

Captura

 

Las alas de Nabi

Mi querida y pequeña Mulyo, si pudiera estar contigo, si pudiera hacerte llegar estas palabras de algún modo, aunque sea solo para servirte de consuelo, no dudes un instante que lo haría, no dudes que haría lo que fuera por estar ahí, acompañándote en tu soledad, en tu angustia, en tu miedo y tu incomprensión.

Se que llevas ya demasiado tiempo en ese lugar que tanto odias, que tanto temes, encerrada como si de una presa se tratara, sin entender nada de lo que ocurre a tu alrededor, porque aún no tienes edad ni capacidad para ello, sin saber que has hecho que sea tan grave para merecer estar ahí, pero tranquila, tu no has hecho nada malo. No eres una niña mala como están consiguiendo que creas que eres. No eres mala, recuerdalo siempre, borra esa idea de tu mente, porque no es real, y solo conseguirás que te atormente…

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Y me queda la culpa…

Me quedan los cariños y los sabores… me quedan los ejemplos y un par de fotografías en algún baúl… y me queda la culpa.  Culpa porque te maté hace más de 10 años cuando me obligaron a despedirme mientras estabas en cuidados intensivos.  Culpa porque ver cómo se apagaba tu luz era demasiado para mi, así que dejé de verte.  Culpa porque esta última vez ni siquiera lo intenté.  Culpa porque mi dolor impidió que mi hija conozca tu luz, aun cuando ella hubiera conocido menos que un reflejo de la mujer que yo mantengo viva en la memoria.  La mujer que no quise que tu enfermedad me arrebatara… la mujer a quien la muerte finalmente liberó.

Instantes

Si la vida es una máquina de movimiento perpetuo y se te permite detenerla un solo instante para justificar toda tu existencia, estoy bastante segura que ese momento sería el minuto que mi hija descubrió que puede jugar con su sombra.

Consigue una linterna, es todo cuanto puedo agregar.