Fantasías Adoptivas

​Le temo más a la fantasía que a la realidad biológica de mis hijas.  Siento que para la biología te preparan, te lo repiten tanto que tienes respuestas presupuestadas.  Existen herramientas, cuentos, libros de vida.  Pero enfrentar la fantasía, eso nadie te lo explica.  

Parece un trabajo de detectives.  Poner atención a los diálogos que mantienen con sus muñecas: “Eres mi hija del corazón” (A., 4 años); “La oveja el adoctó al saurio” (I., 2 años). Escuchar cuando son ellas quienes toman los libros de cuentos: “Es que estaba triste porque no había encontrado a su familia” (A., 4 años); “No!  Mamá sí pancita” (I., 2 años).  Siento que hay que aprovechar cada instancia para intuir qué es lo que ellas están relacionando con este concepto de la adopción.

Le temo, sobretodo, a esas fantasías con las que tratan de responder un porqué que todavía no saben formular.  Un porqué para el que yo no estoy lista todavía.  La otra noche, volvíamos a leer un cuento llamado Lamb – a – roo (Diana Kimpton).  La historia comienza con un corderito que está solo en la pradera cuando A. interrumpió:

  • Mamá, por qué estaba solo el corderito?
  • No lo sé, amor.  El cuento parte así.
  • Y dónde estaban sus papás?
  • Su mamá canguro lo va a encontrar en la próxima página. Déjame seguir leyendo.
  • No! Sus papás corderitos! (Ósea que tu ya sospechas que tienes otros papás).
  • No lo sé amor, no sé dónde estaban sus papás corderos (Igual que no sé dónde está tu familia biológica).
  • Yo creo que el corderito se perdió. – dijo rotundamente, como si fuera algo que venía meditando hace tiempo. 

Se encienden mis alarmas y le pregunto porqué cree que el corderito se perdió.

  • Porque él se fue por el mal camino y se perdió de sus papás – me respondió, muy convencida.

Máxima alerta!  Tu no tuviste la culpa! Tu no hiciste nada malo!  Tu no elegiste esto!  Honestamente creo que me atraganté y necesito una segunda oportunidad para resolverlo con mi hija.  He meditado mucho en la respuesta que considero ideal:  

“Amor, yo no creo que el corderito pudiera elegir el camino equivocado. La verdad es que yo no sé porqué está solito, no sé porqué sus papás corderos no están.  Pero estoy segura de que no fue la culpa del corderito.  El corderito era un bebé, amor.  Cómo podía elegir el camino si era un bebé?”

No sé porqué te abandonaron, hija.  A decir verdad, todavía no quiero que intuyas que fuiste abandonada.  Imaginaba que estas reflexiones vendrían dentro de diez años, cuando llegues a la adolescencia.  Pero el juego comenzó antes, me pasó por encima, yo no estaba lista. Desde ahora, trataré de comprender qué es lo que tu mente y tu corazón hacen con las piezas del puzle que se te va revelando.

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Dolor de Corazón

No creas que no lo he notado.  Cuando juegas, sueles decir “papá cuida bebé”.  Y claro, papá es quien te cuida.  Mamá está mientras no tenga otra cosa que hacer.  Papá siempre está para tí.

Admito que me duele el corazón.  Admito que tengo culpa porque supongo que tu hermana sí recibe más dosis de mamá, ya que ella sí juega a que “la mamá cuida al bebé”.

Culpas de maternidad. Dolores de corazón.  Hago lo mejor que puedo pero sé que no es suficiente.  Siempre voy a estar en deuda contigo, hija.

Pero también tengo una especie de alivio.  Alivio de saber que sabes que papá está para ti.  Que estés tan segura de que puedes confiar en él.  Créeme hija, no existe mejor aliado que tu padre.  Tienes mucha suerte de que sea papa quien te cuide, mi bebé…

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El Mantra 2: Límites, hábitos y convivencia social.

I.,  ahora tienes 2.  Los terribles 2 para I. y los tremendos 3 de A.  Mercy!!  Supongo que, mi querida I., tus terribles 2 comenzaron antes de tiempo, ya que te empeñas en seguir apresurada los pasos de tu hermana mayor.  Y con el carácter que tienes! “No mamá! Yo sola!” debe ser, sin duda, tu frase favorita.

Los límites… oh! pequeña I.,  ahora la cosa se pone seria.  Mantengo todo lo dicho en mi mantra anterior.  Y con más años de circo, le voy a agregar un par de cosas:

  • No te preocupes, no me lo tomo personal.  Enójate todo lo que quieras que la mamá seguirá en pie a tu lado.
  • Hay una diferencia entre límites, hábitos y convivencia social:
    • Los límites los ponemos por tu seguridad y bienestar y por la seguridad y bienestar de los que te rodean. Lamento mucho que el cinturón del asiento del auto te incomode tanto, hija, pero no vamos a ir a ningún lado sin que tu estés correctamente sentada en tu silla.  Sola no! La calle se cruza de la mano de un adulto!.  Sé que te encanta el helado pero una bolita es suficiente.  Sé que quieres seguir jugando y el reloj dice que es hora de dormir.  No muerdas a tu hermana!  Si tienes ganas de morder, dale con este cojín! No lanzar juguetes!  Puedes golpear a alguien! (y todavía no encuentro una salida aceptable que te libre de esa energía).
    • Tengo que trabajar en los “peros” porque, según los entendidos, decir pero es desestimar tus emociones.  Se supone que debo decir “quieres seguir jugando Y es hora de dormir… qué hacemos?” Y darte un pequeño espacio para controlar tu ambiente.  Tal vez así logremos bajar un poco tu frustración.
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    • Los hábitos se enseñan con el ejemplo. Lavarse dientes y manos, saludar, decir por favor y gracias.  Esos no son límites, son ejemplos.  Las hijas aprenden de lo que ven más que de aquello por lo que se les regaña.
    • La convivencia social. Compartir y respetar turnos.  Hija mía!  No sé si la lección es para ti o para mi.  A veces siento que siempre llevas las de perder con tu hermana mayor.  Ella llora más fuerte y para mí es más fácil hacerle caso a la pena que a la ira.  Porque tu eres de las que se enoja.  Pequeña mía, mamá trabaja conscientemente en tratar de ser justa.  Sé que de esta mamá imperfecta surgen muchas de tus motivaciones morder o lanzar o llorar de rabia. Perdóname todos mis errores.

Pequeña I., te amo con toda el alma.  Tengo la impresión de que esto del crecimiento es más complejo para ti que para A.  Finalmente, ahora mamá está compartida y no puede darse el lujo de estar con cada una de ustedes al 100% ayudando a regular emociones.  Vivan las culpas maternales!  Pero sabes algo?  Creo que eso también te hace crecer.   Te veo más segura que tu hermana, más exploradora, más autónoma… hasta puedo arriesgarme a decir que tienes un mejor estilo de apego seguro.  Mamá tiene que aprender a lidiar entre tu necesidad de autonomía y lo que (sobreprotectora) cree que es adecuado para una nena de 2 años.  Tal vez, cuando yo confíe más en tí y tus habilidades tendremos que poner menos límites!  

De todas maneras…. qué?

Ahí estaba yo, feliz de acompañar a mi prima en su baby shower.  La verdad ya no me molestan estos eventos.  Así como mis hijas (espero!), me he acostumbrado a ver mujeres embarazadas a mi alrededor y saber que esa no fue mi historia. Pero no quiero que todo el mundo sepa que no fue mi historia.

Tal vez fue que las tradiciones son distintas en cada país; tal vez fue que el grupo humano con el que me encontraba es un poco radical en temas de crianza con apego y violencia obstétrica; tal vez fue que, como estaba con mi familia, yo tenía la guardia baja… estaba despistada cuando comenzaron a hablar del dolor de parto.

– Ahora, vamos a pasar por cada uno de sus asientos y ustedes entregarán una bendición para el parto de C. -dijo la anfitriona.

CTM! Corrí a esconderme en la cocina hasta que esta parte del evento haya terminado.  Seguro no pasó desapercibido porque en un minuto tenía a mi primo, único varón y distante observador de la fiesta, a mi lado ofreciéndome otro cóctel.

– Estás bien? – preguntó.  Sólo levanté los hombros en señal de respuesta.  Me dio un apretón y juntos esperamos a que terminara la ronda de comentarios.  Pero mi cálculo falló por unos segundos, cuando retomé mi asiento, tenía el micrófono y la cámara en la cara.

– Tu bendición… -insistió la anfitriona.

Respiré profundo, esos minutos en la cocina me dieron tiempo para pensar algo qué decir.   Espero que haya sonado algo así (porque es muy distinto lo que pasa a lo que una recuerda!):

– Primita querida, tu sabes que yo de partos no sé nada.  Sólo sé que cuando llega un bebé, también llega la mamá que ese bebé necesita.  Así que con el nacimiento de tu hija, tu también nacerás como su mamá.  Como eres la mama perfecta que P. necesita, te convertirá en la mamá perfecta que V. necesitará.

WoW! Jackpot! Ni yo misma me lo creía… respuesta oficial de ahora en adelante. Lágrima por aquí, abrazo por allá. Mental finger flip para la anfitriona impertinente!  “Que bien salió eso” pensaba para mis adentros, “ahora a a seguir con la fiesta”.  El incómodo momento había terminado.

– Perdona la pregunta -escuché decir a la mujer a mi lado.  Respiré profundo y me torné a mirarla.  “Ok, demasiado bueno para ser verdad.  No ha terminado, aquí van las preguntas…” pensé.

– Dime -dije con una sonrisa.

– Perdona, pero no me habías comentado que tenías dos hijas?

– Si! A. de 4 e I. de 2.  Quieres ver fotos? -primera medida de distracción. Saqué el teléfono celular con la esperanza de cambiar el tema a la anécdota de alguna travesura capturada en cámara.

– Qué lindas son! -yo sonreí en respuesta y ella continuó – pero como es que dices que no sabes nada de partos?

– Porque nunca estuve embarazada.

Honestamente, siento un poco de risa cuando veo a las personas procesar esta información.  Es como si pudiera escuchar a los engranajes de su cerebro moverse:  Embarazo = hijos . Hijos sin embarazo??? Madrastra??? Adopción!

– Ah!  Osea que adoptaste! -concluyó sus deliberaciones.

– Si, nos convertimos en familia por adopción. – Y ahí es cuando comienzan mis deliberaciones: qué tanta información sobre mi familia quiero darle a esta mujer?

– Qué bonito! – dijo con tono de ternura.  Una de las siete repuestas clásicas, pensé yo (en mi otro post “Es que nunca estuve embarazada”).  El tiempo me ha ensañado que no, no es tan bonito.  Y aunque no me apetecía entrar en esa discusión, se venía inevitable.

– Si – le respondí en tono dudoso.

– De qué edad las recibiste? Y cómo fue?  Esperaron mucho? He escuchado que la espera es larga.  Conoces a la mamá?

– A ver, por A. esperamos casi 3 años y llegó con un poco menos de dos meses.  Por esperamos como I. como 1 mes y llegó a casa con 4 meses.  La espera es larga, sí.  Y sobretodo es como “incierta” porque, a diferencia de un embarazo, no tienes fecha de llegada y no sabes si será niño o niña o de qué edad… -medida de distracción 2: cambiemos el tema al procedimiento legal.

– Y porqué esa diferencia? –  No funcionó.  Otra vez, cerebro a trabajar.  No quiero compartir, particularmente con una extraña, los detalles de las circunstancias que obligaron a la madre biológica de mis hijas a cederlas en adopción.

– La madre biológica de A. hizo cesión voluntaria y ella llegó con nosotros.  Luego, volvió a tener un embarazo conflictivo, nació I., otra vez cedió en adopción. Como A. estaba con nosotros, y se trata de preservar los lazos de sangre, nos llamaron para adoptar a I.

– Osea que son hermanitas de verdad! Y conoces a la mamá? Yo no entiendo qué puede pasar por la mete, y sobretodo el corazón, de esas mujeres. – estaban ahí, la mueca y el tono despectivo – Yo jamás podría ni pensar en dejar a mi hijos!

Yo podía sentir como la rabia se apoderaba de mí.  NO VOY A PERMITIR QUE HABLEN MAL DE LA MADRE BIOLÓGICA DE MIS HIJAS!! Y luego recordé que la gente, normalmente, habla desde la ignorancia y traté de moderar mi respuesta.

– Por partes: son hermanas, sí.  Son hermanas porque están siendo criadas por los mismos padres, que somos mi marido y yo.  Y sí, también son hermanas biológicas.  Con respecto a sí conozco a la mamá, la conozco tanto como una puede conocerse a sí misma -creo haber dicho con tono sarcástico – porque la mamá soy yo.

– No! Claro! -dijo en tono de disculpa – Madre es la que cría – repitió contundente la típica frase.  – Te preguntaba si conoces a la mamá de verdad?

Seguro mi lenguaje corporal delató la idiotez de su pregunta. – La mamá “de verdad” soy yo, porque como tu bien dices, mamá es la que cría.  Te referías a su madre biológica? -hice la respectiva corrección de lenguaje.

– Sí! Eso! La madre biológica.

– No, no la conozco.  No tengo ni siquiera una foto.  Sólo sé lo que nos contaron en la agencia de adopción. – Y antes de que ella pudiera seguir – Y te podrás imaginar que las historias de estas mujeres nunca son fáciles o felices.

– Sí, claro… pero, de todas maneras…

– De todas maneras, QUÉ? – le corté en seco.

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No me vas a decir que es una buena mujer…

Personificados en esta señora todos los prejuicios y la ignorancia! Yo me debatía entre tratar de educarla, cuidado el no revelar los detalles de la historia de mis hijas, y pararme e irme antes de decirle una grosería.

– Quiera saber qué tan “buena” sería cualquier mujer de esta sala, si vive bajo la línea de la pobreza y no tiene cómo conseguir comida para los cuatro hijos que ya tiene en casa.  Si es maltratada, humillada y golpeada por su pareja de turno, a diario.  Si su estado migratorio es dudoso y la deportan si se atiende en un hospital público.  Si fue violada.  Si apenas sabe leer, mucho menos ha tenido una sola clase de educación sexual.  Porque aunque todas las historias de adopción son diferentes, generalmente hay algo de esto por detrás! – Mi respuesta debió ser un poco violenta porque la vi retirarse hacia el respaldo de su silla.

Agotada, me asalta la contradicción interna.  El tema no es la madre biológica sino el sistema que la obliga a abandonar a sus hijas.  Y qué estoy haciendo yo para cambiar ese sistema? Nada.  Ese sistema perverso fue el que me permitió ser madre.  Yo también me inclino hacia el respaldo de mi silla.

Lo único que me queda claro de todo esto es que, de todas maneras, necesito aprender a tener una conversación sobre adopción sin llegar a explotar!

 

 

 

 

Porqué no me lo pediste?

Es tan genial y tan cierto que no podía dejar de compartirlo!

 

Ah! Y la “carga adoptiva” también le llevan mucho las mujeres!

 

Origen: You should’ve asked

 

Aquí hay una traducción al español: